Cuando Sylvester Stallone dirigió en 2010 Los Mercenarios poco se podía imaginar el éxito que esa película
iba a tener. Y no me refiero únicamente a que ya vayan por la tercera entrega
de la saga (la tendremos en agosto en cartelera) sino por la repercusión que
estas películas están teniendo en la carrera de algunos de los que en ellas
aparecen. Como ejemplo, podemos tomar a
Arnold Schwarzenegger, quien, entre 2013 y 2014 ya ha trabajado en el mismo número de
películas que rodó durante toda la década pasada. Esta semana nos presenta Sabotage.
Aprovechando que están en medio de una operación antidroga, los componentes de un equipo de élite de la DEA deciden quedarse con parte del dinero que incautan pero nada saldrá como ellos esperan y alguien empezará a matar, uno por uno, a los integrantes del grupo de John “Breacher” Wharton (Arnold
Schwarzenegger)
Estamos ante una película bastante irregular porque, cuanto más avanza la
trama, más inconsistente se hace. Como rasgo general, hay que decir que la historia está
inspirada levemente en la novela de Agatha Christie Diez Negritos. La película, en un primer
momento, tiene un punto a lo action movie de los 80 que resulta bastante grato
y esta sensación se va acrecentando cuando se introducen elementos cercanos al
slasher. El problema viene, como siempre, en el momento en el que se acerca el
desenlace, cuando el guión nos enseña sus cartas y nos damos cuenta de que
pretenden que hagamos un acto de fe para comulgar con lo que tenemos en
pantalla. Si a esto unimos que la última media hora de la película da la
impresión de estar alargada innecesariamente, las percepciones del primer
momento son reemplazadas por la sensación de que esto ya lo hemos visto muchas
otras veces e, incluso, mejor hecho.
Algo que llamará la atención es la cantidad de rostros conocidos que hay en
el reparto. Además del citado Arnold Schwarzenegger veremos a Sam
Worthington (Avatar), Terrence Howard
(Prisoners), Olivia Williams (Map to the stars) o Joe Manganiello (True Blood), siendo este amplio reparto uno de los aspectos
que pone de relieve los paralelismos que hay entre esta película y la citada Los Mercenarios.
Hay que reconocer una cosa y es que, le pese a quien le pese, Arnold
Schwarzenegger, sigue teniendo la presencia suficiente como para darle
interés a un proyecto que, sin él, quizá no lo tendría. Arnie nunca ha sido un
gran actor pero siempre ha tenido el tirón suficiente como para contar con el
apoyo del público. Ahora, más que carisma o presencia, podríamos denominarlo
nostalgia falaz y pordiosera pero si, después de tantos años sigue ahí, es
porque la gente quiere que siga. Y, básicamente, él es el principal motivo por el que
la gente verá esta película porque, por lo demás, no hay mucho más
que pueda resultar interesante.
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