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miércoles, 8 de octubre de 2014

Sharktopus Vs Pteracuda (Kevin O'Neill, 2014)



Si algo tenemos muy claro los fans de la serie B es que lo que más les gusta a los que trabajan en este negocio es la rentabilidad, de ahí que cuando estrenan un nuevo proyecto nada gusta más que el beneplácito del público para seguir adelante y acabar creando una saga. Y esto es lo que ha debido ocurrir con Sharktopus que en vista de su “éxito” este mismo año se estrenó en el canal SyFy una secuela: Sharktopus Vs. Pteracuda pero que nadie se quite del aparato, porque no va a ser la última ya que está anunciada una tercera parte: Sharktopus vs. Mermantula. Tenemos mutaciones genéticas para rato.


Después de innumerables esfuerzos el Sharktopus ha sido destruido. O eso es lo que parecía ya que, lo que nadie sabía es que la bestia albergaba en su interior un huevo que va a parar a manos de una bióloga marina (Katie Savoy) quien, ajena a la amenaza que tiene entre manos, lleva a la cría al acuario de su tío. Mientras el Dr. Rico Symes (Robert Carradine) última los detalles del arma biológica definitiva: Pteracuda, una criatura híbrida nacida de la mezcla del ADN de un pterodáctilo y una barracuda. Pero los problemas no se hacen esperar cuando el Dr. Symes pierde el control de Pteracuda.


Cuando una monster movie de bajo presupuesto triunfa el siguiente paso suele estar claro: hacer una segunda parte en la que esa bestia parda se enfrenta a otra bestia parda de características similares. En este caso estaba claro que para el animal en cuestión no valía cualquier híbrido así que han recurrido a uno de los animales más formidables que han surcado jamás nuestros cielos, un pterodáctilo, y lo han combinado con otro bicharraco marino de esos que no destacan precisamente por su amabilidad, la barracuda. De esta manera lo que conseguimos son dos monstruos con muy mala leche que se van a pasar la película a tortazo limpio. Y, oye, es de lo más entretenido.


El argumento no hay por dónde cogerlo. En primer lugar, modifican la secuencia final de la anterior entrega para convertir lo que en aquella era, simplemente, un trozo de Sharktopus en una bolsa que contiene un huevo. En segundo lugar, porque más de la mitad de la película no tiene sentido. Y cuando digo que no tiene sentido es que, literalmente, no te enteras de nada porque desde el momento en que los investigadores pierden el control de Pteracuda se suceden una serie de acontecimientos que no tienen explicación ninguna. Por alguna razón que me gustaría alguien me explicase, estos cracks llegan a la conclusión de que la mejor manera de parar al bicho que se les ha escapado es soltar a otro, tan letal o más que el anterior, y dejar que se maten entre sí o algo de eso. Y, si por el camino van dejando un reguero de muerte y destrucción a su paso, es lo de menos, el público pide sangre y hay que dársela.


De los nombres involucrados en este Sharktopus Vs. Pteraconda destacan dos. Por un lado tenemos, nuevamente, a Roger Corman como productor y, por otro, a Robert Carradine como protagonista principal de la cinta. A lo mejor no conocéis a Robert Carradine pero si os digo que su padre era John Carradine y sus hermanos Keith Carradine o David Carradine ya os hacéis una idea que ha mamado esto de la actuación desde su más tierna infancia aunque, evidentemente, su papel en esta película no va a pasar a la historia como una de sus grandes interpretaciones.


Reconozco que la película es bastante mala pero, de verdad, merece la pena por lo divertida que es. Por supuesto que no tenéis que tomaros en serio nada de lo que veáis, es serie B muy mala y no se le puede pedir nada del otro mundo así que poned el cerebro en modo off y a pasar un rato divertido.

PD: ojito al cameo de Conan O'Brien, el hombre dura poco pero su intervención es de las que dejan huella.

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