Hace unas semanas os hablé de La Bestia de la Cueva Maldita de Monte Hellman, un cineasta cuyos orígenes están relacionados con Roger Corman. El guión de esa película lo escribió Charles B. Griffith quién, años más tarde, lo reescribió introduciendo unos toques de humor. El resultado fue está delirante película que mezcla espías, gangsters, militares cubanos y el monstruo más rídiculo que he visto en años.Que nadie se llame a engaños: a pesar de su título, esta película tiene más de parodia que de monster movie cincuentera. La trama es surrealista, los diálogos son de besugos y los personajes son una pandilla de lunáticos que se lo debieron pasar pipa mientras rodaban este auténtico esperpento.
Un grupo de gangsters americanos serán los encargados de sacar de Cuba el oro de unos militares cubanos anti-castristas en los tiempos posteriores a la revolución cubana. Para salir de La Habana, usarán el barco de Renzo Capeto (Anthony Carbone), el jefe de la banda. En la tripulación está infiltrado un espía, Sparks Moran (Robert Towne) quien es el narrador de la historia. Renzo Capeto, cuyo aire a lo Bogart es indiscutible, ideará en colaboración con su novia (Betsy Jones-Moreland ) y sus secuaces (Beach Dickerson y Robert Bean) un plan para quedarse con el oro. La genial idea será fingir la existencia de un monstruo de mar que irá matando a los militares cubanos. Pero lo que nadie se puede imaginar es que el monstruo es real y les seguirá allá a donde vayan, incluída una isla supuestamente desierta en la que, a cada paso que dan, aparecen habitantes de la isla.

