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domingo, 5 de enero de 2014

La Marca del Vampiro (Tod Browning, 1935)


Voy a empezar la entrada con una advertencia: esta película tiene un giro de guión totalmente inesperado así que si tenéis pensado verla no sigáis leyendo. Os advierto porque no va a ser lo mismo si descubrís el pastel previamente, vamos, es algo así como si te cuentan el final de El Sexto Sentido antes de ir a verla. También os hago una recomendación: ved la película dos veces, una vez descubres todo, te das cuenta de lo divertida que es.

Dicho esto, a destripar esta joyita:




Sir Karell Borotyn (Holmes Herbert) ha aparecido muerto encima de su escritorio. No hay signos de violencia, excepto que en su cuello hay dos marcas y el cuerpo ha sido desangrado. En el pueblo, ubicado en una zona rural de la República Checa, dan por hecho que ha sido un vampiro pero el policía encargado del caso, el  inspector Neumann (Lionel Atwill), no da credibilidad a esas teorías. Todo cambia cuando Irena (Elizabeth Allan), la hija del fallecido, y su prometido Fedor (Henry Wadsworth) son atacados y presentan el mismo tipo de heridas en el cuello. Además, se confirma que por la zona andan el Conde Mora (Bela Lugosi) y su hija Luna (Carroll Borland), de quienes se  sospecha que son vampiros. Sólo queda recurrir al Profesor Zelen (Lionel Barrymore), un experto en vampirismo, y prepararse para la lucha.


La Marca del Vampiro es considerada por bastantes personas un título menor pero, en mi opinión, no podrían estar más equivocados porque en esta película se dan una serie de aspectos curiosos que la hacen tremendamente especial. En primer lugar es un remake, pero no es el remake de cualquier película, es la versión sonora de una de las películas perdidas más añoradas por cualquier amante del séptimo arte. Me refiero a London after Midnight. En esta película silente de 1927 dirigida también por Tod Browning, el papel de vampiro recayó en manos del genial Lon Chaney, siendo la única ocasión en la que el hombre de las mil caras se calzaría unos colmillos. Cada cierto tiempo corren rumores de que hay alguna copia de la película y, de hecho, en su día, rulaba por cierto animalito de carga  un fotomontaje con las escenas que conservamos de la película, así que yo no he perdido la esperanza de poder ver algún día la que fue la primera película de vampiros de Tod Browning. Ese es otro punto a favor de La Marca del Vampiro. No podemos olvidar que esta es la segunda colaboración de Browning y Lugosi y ambos saben que se espera de ellos. Y para mi lo hacen estupendamente.

Creo que a estas alturas de la película no hay quien dude del talento de Tod Browning. Obras como Garras Humanas, Freaks o Muñecos Infernales dan buena fe de ello pero por siempre será recordado por el Drácula de 1931, la primera película de vampiros que utilizaba el nombre del famoso conde. Y que decir de Lugosi. Yo no tengo ningún problema en reconocer que tengo debilidad por este señor y que por él me he tragado (y me tragaré) unos bodrios espantosos pero en este caso creo que está inmenso como Conde Mora. También podría hablar de lo buenos que son Lionel Atwill o Lionel Barrymore, de la magnífica ambientación o de que un buen montaje hizo que una película de tan solo una hora contara todo lo que tenía que contar sin dar la sensación de apresuramiento pero eso es tan evidente que dejo que lo descubráis por vosotros solos.


Sin embargo, lo mejor de La Marca del Vampiro me lo he dejado para el final. Y aquí es donde empieza verdaderamente el spoiler así que, qué no se diga que no os he avisado en repetidas ocasiones. Lo mejor de La Marca del Vampiro es el giro de guión que tiene esta película cuando quedan unos 10-15 minutos para el final. Habrá alguno que diga que ya se olía la tostada desde el principio, que no le habían engañado en ningún momento y bla, bla, bla pero a mí me la dieron con queso y lo que me alegro. Al final todo resulta ser una argucia para detener al verdadero asesino. No hay vampiros, no hay fuerzas sobrenaturales, simplemente un hombre de carne y hueso que se quiso aprovechar de la ignorancia y superstición de la gente de la zona para cometer el crimen perfecto. Y ahí ha estado la gracia desde el principio. Tod Browning, el hombre que la gente recordará por ser el padre de uno de los Dráculas más famosos de todos los tiempos se autoparodia haciendo una película que se ríe de todos los clichés sobre vampiros que el mismo puso sobre el tapete tan sólo unos años antes ¿no es genial?

Supongo que  ya os habréis dado cuenta de lo que mucho que me gusta esta película. A veces pienso que no deja de ser curioso que una de mis películas favoritas de vampiros, en realidad, no sea de vampiros. Es todo una gran broma, es La Marca del Vampiro.




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