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lunes, 25 de noviembre de 2013

Ghost Shark (Griff Furst, 2013)




Decir que esta película me ha decepcionado no sería muy apropiado por el valor de la misma pero la realidad es que Sharknado ha puesto el listón demasiado alto en cuanto a subproductos televisivos de argumentos surrealistas protagonizados por escualos. Así que, en realidad, pienso que la culpa es mía por tener tan altas expectativas cuando la cuestión es que, lo conseguido por Sharknado, es de eso que sólo pasa una vez en la vida.



Así que lo poco que os puedo decir sobre Ghost Shark es que es un auténtico bodrio, así, sin rodeos. Me gustaría poder ver algo bueno pero es del todo imposible. Vale, es cierto que la base de partida es, digamos, atractiva, pero el desarrollo es tan pésimo que de nada vale. Estamos ante la historia de un pobre tiburón blanco cruelmente maltratado por unos pescadores psicópatas que va a morir a una cueva mágica con el poder de resucitar, como fantasmas, a aquellos seres que mueren allí y tienen cuentas pendientes. El tiburón revive y se desata entonces una orgía de sangre sin límites, ya que, al ser un fantasma, puede aparecerse en cualquier lugar en el que haya agua.



Alguno diréis que es imposible que con ese argumento no salga algo loco e histérico digno de cualquier fan de la serie B. Pues ya os digo que no, es una auténtica bazofia. Otros dirán que porqué ésta no y Sharknado sí. Pues, amigos míos, es bien sencillo: con Sharknado te partes la caja, está te aburre. Cuando alguien toma la decisión de sacar adelante este tipo de proyectos, lo único que puede salvarlo es el humor y no tener prejuicios. Ghost Shark demuestra que sus creadores no tienen vergüenza ni sentido del ridículo pero cometieron el gran error de no darle el tan necesario toque de humor. No hay ni un solo personaje que de el contrapunto humorístico tan necesario ya que el único que parece apuntar maneras cae a las primeras de cambio. No solo no hay ningún personaje cachondo sino que los protagonistas son tan odiosos que lo único que quieres es ver como los destroza el tiburón.

Seguro que alguno de los actores os sonarán. Enseguida me di cuenta que el actor que interpretaba al borrachín de turno era Richard Moll, al cual recordaréis por su papel en la divertidísima Juzgado de guardia. También me sonaba la cara de la chica protagonista (Mackenzie Rosman) pero con esta tardé más en caer ya que se hizo conocida de niña siendo una de las hijas de la extensa familia de Siete en el paraíso. Visto lo visto, queda claro que ninguno de ellos ha prosperado mucho en sus carreras.


No tengo muchas ganas de extenderme más con mi opinión sobre esta "cosa", ya que no la recomendaría ni un millón de años y no es ni digna de tarde de domingo resacosa. Pasará a la historia (ja, ja, ja) por ser esa película en la que los guionistas se devenaron los sesos para conseguir buscar múltiples maneras de hacer aparecer agua en tierra firme y por ver como a un pobre pardillo se lo come un tiburón por dentro.



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