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domingo, 8 de marzo de 2015

Perdiendo el norte (Nacho G. Velilla, 2015)



Mucho se ha hablado de que el 2014 fue el año en el que el gran público se reconcilió con el cine español y, por eso, se está prestando especial atención a los estrenos patrios que nos van llegando para comprobar si lo del año pasado fue casualidad o, verdaderamente, las cosas empiezan a ser de otra manera en el cine español. Uno de los estrenos que más había sonado en las últimas semanas era Perdiendo el norte, una de las comedias que nos llega este año buscando ser la sucesora de Ocho apellidos vascos.


Hugo (Yon González) y Braulio (Julián López) son dos jóvenes que han dedicado buena parte de su vida a formarse pero que, por culpa de la crisis, no tienen ni futuro ni trabajo en España. Un día ven en la televisión un programa que habla de lo bien que les va a los españoles en Alemania y deciden irse allí, para probar suerte. Sin embargo, no tardarán en descubrir que la realidad laboral en Alemania es muy distinta de la que imaginaban.


Menos mal que aún queda mucho año por delante porque si la gran apuesta cómica del año es Perdiendo el norte, que paren el tren, que yo me bajo. Perdiendo el norte pretende ironizar tratando temas tan serios como la crisis o la emigración pero lo hace de una manera tan poco consistente y superficial que al final, lo que ves, te da más pena que risa. No ayudan nada Yon González y Blanca Suárez, la pareja protagonista, que no sólo no hacen ninguna gracia sino que, encima, demuestran en cada plano que comparten que la química entre ellos brilla por su ausencia. De hecho, la película resulta mucho más interesante cuando se le da más protagonismo a las subtramas protagonizadas por los secundarios y eso que, en general, todas ellas son bastante previsibles. 


Lo que cuesta aceptar es ver a un grande del cine español como José Sacristán participar en esta nimiedad de película. Tiene mucha lógica porque su personaje sirve como homenaje a todos aquellos españoles que en los años sesenta tuvieron que ir a Alemania (como el mismo nos enseñó en Vente a Alemania, Pepe) y porque su subtrama le da un toque melancólico a la película pero, aun así, hay tanta mediocridad a su lado que casi parece indigno relacionar su nombre con Perdiendo el norte. También creo que tanto Carmen Machi como Javier Cámara están totalmente desaprovechados, todos sabemos que son dos actores muy dotados para la comedia pero sus papeles son tan testimoniales que no tienen tiempo de demostrar lo más mínimo.

Algo que me ha gustado mucho han sido las panorámicas de Berlín lo que pasa es que centrarse tanto en hacer una postal de la ciudad en la que se desarrolla la historia lo único que ha conseguido es robarle tiempo a la historia y acentuar la sensación de inconsistencia que tiene la película. Digamos que las cosas pasan sin que sepamos muy bien porque pasan ya que apenas hay desarrollo ni profundidad, ni en la trama ni en los personajes, con lo cual creo que a lo mejor había que haber pasado de todos esos planos panorámicos, muy bonitos pero totalmente carentes de contenido, y darle más protagonismo al guión. O a lo mejor ha sido esta la manera que el director ha elegido para rellenar minutos ya que el libreto es tan limitado que no da para más. 


Y ya no es sólo que el guión sea limitado, es que hay momentos de auténtica vergüenza ajena como cuando Blanca Suárez cuenta un secreto del pasado y llora (llora, por decir algo) o cuando los padres y la novia de Hugo (Yon González) van a visitarlo a Alemania. Precisamente, esta escena es en la que ya nos queda claro que esta película es una auténtica tomadura de pelo que no tiene por dónde cogerla y que, de ahí, al final, no vamos a ver más que tópicos previsibles e infumables.

Tengo que decir que no iba con muchas expectativas porque, una vez más, el tráiler que cierta cadena privada no deja de programar cuenta mucho más de lo que debe con lo que ya sabes por donde van a ir los tiros aunque, tengo que reconocer, esperaba reírme un poco. Craso error, creo que en toda la película hubo un solo chiste que me hizo esbozar una sonrisa y, en general, la historia me dio mucha pena, pena por lo mal hecha que está esta película y pena porque muestra la terrible realidad a la que lleva enfrentándose este país desde hace varios años. Ni os molestéis en verla, hay cosas mucho más interesantes en la cartelera ahora mismo.

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