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viernes, 26 de febrero de 2016

Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012)




Cuando se habla de cine teen o cine adolescente muchas veces tendemos a pensar que este tipo de cine sólo engloba películas bobaliconas con historias de amor más o menos complicadas y, que destacan por ser ñoñas, estereotipas y más ideales que reales. Pero, a pesar de lo alargada que puede llegar a ser la sombra de la saga Crepúsculo, la realidad es que dentro de este tipo de cine podemos llegar a encontrar auténticas joyas como es Las ventajas de ser un marginado.

Charlie (Logan Lerman) es un joven que intenta encontrarse a sí mismo mientras busca su sitio en esa jungla llamada instituto. Charlie no lo tiene nada fácil,  es tímido, sensible e inteligente y, a su alrededor, nadie parece valorar ese tipo de cualidades, pero todo cambia cuando conoce a Patrick (Ezra Miller) y Sam (Emma Watson) y entra a formar parte de su círculo de amigos.


Muchas veces se nos achaca a los adultos que no nos gusta el cine adolescente porque no entendemos a las nuevas generaciones y porque hemos olvidado lo que es ser adolescente. Quizá sea cierto, no lo sé pero si hay una película que me ha hecho recordar como pocas otras lo que fueron aquellos años esa ha sido Las ventajas de ser un marginado. Y no es porque me sienta especialmente identificada con alguno de los protagonistas, pero sí que han conseguido que empatice por completo con cada uno de ellos. Así, he entendido sus miedos, su necesidad de encajar en algún sitio, su incertidumbre ante lo que vendrá y sus ganas de vivir y experimentar. Vamos, lo que es ser un adolescente.

Las ventajas de ser un marginado es de esas películas que “te hacen sentir”, que te da en que pensar, que te ronda por la cabeza durante unos cuantos días…la he visto hace un tiempo, he visto otras películas después y, sin embargo, su huella sigue ahí. Y eso sólo lo consiguen las películas que te llegan al corazón siendo honestas.

Con esta cinta me pasa lo mismo que con Cuenta conmigo: me invade la nostalgia y sus personajes me producen una enorme ternura. Ambas películas tienen en común su capacidad de retrotraerte, con bastante facilidad, a épocas anteriores de tu vida porque la historia que nos muestran es realista y creíble y porque está es la historia de Charlie pero podía ser la de cualquiera de nosotros. 

Alguno pensará que, en una película que se habla de temas tan complicados como son los traumas infantiles o el bullying (no es ningún spoiler, se ve desde el principio de la película), lo normal es que se te remueva algo por dentro, y, sí, claro, pero es que la cinta no es morbosa ni pretende serlo. Si conocemos este tipo de datos de los personajes no es para que nos den pena, es para entenderlos porque, tal y como sucede en la vida real, la personalidad de cada uno de nosotros se va forjando a medida que nos pasan cosas, buenas o malas. Además, incluso en los momentos en los que hay que tocar temas realmente duros, no hay sensacionalismo ni intención de buscar la lágrima fácil, todo se aborda con una gran sensibilidad y delicadeza.

La historia, por si misma, es de las que engancha, pero no valdría de nada sin un elenco a la altura. Mis felicitaciones a los que hicieron el casting porque el trío protagonista funciona como un reloj y tiene muy buena química entre sí. El aire de frágil y apocado que tiene Logan Lerman es, en este caso, crucial para darle más credibilidad a su papel y Emma Watson está deslumbrante, como siempre, pero el que arrasa en todas las escenas en las que aparece es Ezra Miller

He hablado de la historia, he hablado de los protagonistas pero no he hablado aún de dos elementos esenciales en Las ventajas de ser un marginado: la música y los diálogos. De la música voy a destacar un momento que, por circunstancias ajenas a la película es aún más especial. Me refiero al momento en el que los tres amigos van en un coche y escuchan el We can be heroes de David Bowie. La escena es maravillosa pero, con la muerte de Bowie tan cercana en el tiempo, su magia aumenta. Sí, es cierto que resulta muy poco creíble que unos chicos que demuestran tener bastante cultura musical no conocieran esa canción, pero la búsqueda que inician para descubrirla tiene tanto significado (como la propia canción en si misma) que se perdona esa licencia.

En cuanto a los diálogos, a lo largo de la película son varias frases las que se te quedan marcadas a fuego. Yo me quiero quedar con dos: “aceptamos el amor que creemos merecer” y “sólo quiero asegurarme de que la primera persona que besas te quiere”. Creo que estas dos frases resumen muy bien lo que tiene esta pequeña gran película: sentimiento a raudales.

Dicen que el tiempo pone las cosas en su sitio y espero que sea justo con esta película porque lo merece con creces. No esperéis grandes alardes, ni nada pomposo, Las ventajas de ser un marginado es sencilla y realista pero, a la vez, mágica y delicada.

PD: después de ver la película me he enterado de que está ambientada en los años 90. Toda mi  adolescencia se desarrolló en los 90 así que ahora aún me siento más cercana a Charlie, Sam y Patrick y me pregunto ¿Cómo les habrá tratado la vida? ¿Qué habrá sido de ellos? ¿Seguirán siendo infinitos? ¿Seguirán siendo invisibles?

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