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lunes, 28 de diciembre de 2015

Bloodline: No somos malas personas, pero hicimos algo malo



Con las series pasa como con las películas: no siempre las que son más conocidas son las mejores. Este argumento lo corrobora con creces una de las últimas joyas televisivas que he descubierto: Bloodline.


Bloodline nos traslada a la paradisíaca Florida, lugar en el que viven los Rayburn. Los Rayburn son una familia normal que, aparentemente, lleva una anodina vida, vida que cambiará por completo con el regreso de Danny (Ben Mendelsohn) el hijo mayor y oveja negra de la familia.


Ya os digo nada más empezar que no os fieis de las apariencias porque Bloodline es mucho más de lo que parece. Tal y como está esbozado el argumento, parece que estamos ante un típico drama familiar de esos en los que el pasado siempre vuelve pero, aún siendo esto, Bloodline es mucho más. No voy a entrar en detalles sobre la trama de Bloodline. Cuando la descubrí, todas las opiniones sobre ella coincidían en que era mejor verla teniendo muy poca información de ella y coincido, así que voy a ser muy escueta. Bloodline es de esas historias que se cuecen a fuego lento. A lo largo del primer capítulo no vemos nada especialmente destacable pero, cuando llega el final, la trama dará un salto temporal que nos dejará patidifusos. Estos "viajes en el tiempo" van a ser una constante a lo largo de la serie, ya que en cada capítulo viajaremos al futuro, pero también al pasado, para ir descubriendo, poco a poco, los trapos sucios de esta familia. Tanto los datos que se van desvelando del pasado como los que se van avanzando del futuro son demoledores y, de entrada, parecen chocar con la supuesta idílica vida que llevan los Rayburn. Y es que, amigos míos, enseguida nos vamos a dar cuenta de que todo va a estallar por los aires y que, cuando lo haga, nada va a volver a ser lo mismo.

Advierto que es una de esas series a las que hay que darles tiempo para que las piezas empiecen a encajar. Seguramente, cuando la veáis, os dará la sensación de que hay ciertos episodios que parecen ser de relleno (parece, pero no lo son). Quizá los episodios centrales son más pausados pero os garantizo que una vez lleguéis al episodio siete, va a ser un no parar. De todos modos, cada capítulo nos va dando pildoritas, de lo más jugosas, que nos dejan con ganas de más.

Otro de los grandes atractivos de Bloodline es su plantel de actores. En mi opinión, en esta serie podemos encontrar dos de las interpretaciones masculinas más impactantes del año, las de Kyle Chandler y Ben Mendelsohn. A Kyle Chandler lo sigo desde hace tiempo y es de esos actores que hacen que me interese por un determinado proyecto pero el que ha conseguido ponerme los pelos de punta con su interpretación ha sido Ben Mendelsohn. Aquí es donde me tengo que morder la lengua para no contar de más, así que sólo os diré que la evolución de su personaje es bestial y que las escenas que comparten ambos actores son de alto voltaje.

Bloodline no es tan espectacular como Juegos de Tronos ni tiene tanto renombre como House of Cards, sin embargo, es una serie altamente recomendable que yo, sin dudar, metería en la lista de mejores series del año. No os la perdáis.

PD: seguro que alguno os estáis preguntando que de dónde he sacado la frase del encabezamiento. el La respuesta la tenéis en el piloto de esta maravilla.

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